La revolución del Amor.

Es en momentos de crisis que nos hacemos preguntas sobre cómo hemos llegado a ésto. Sabemos que todo está mal. Comprobamos a diario que la humanidad se dirige a un abismo y no vemos a nadie construyendo puentes que nos hagan cruzarlo.

Ayer pudimos comprobar la inutilidad de la manifestación del 25-A para sitiar el congreso…

Unos cuantos cientos de ciudadanos, algunos con la, ya demasiado manida, bandera de la segunda república. Otros con el, no menos rancio, pañuelo palestino.
Muchos venidos de la izquierda de principios de siglo, aún con la palabra “proletariado” en la boca. Otros sin ideología clara, pero dejándose llevar por la turba enfurecida… no sin razones, pero con malas maneras. Cientos de corazones rotos, ardiendo con el odio de los “parias de la Tierra”. Pollos descabezados y ridículos, queriendo hacer una revolución sin evolución.
Luego vienen los palos… Calentitos, y a casa con el rabo entre las piernas. Y los unos enrocados en sus posiciones de poder, e incluso más seguros de sí mismos. Y los otros lamiéndose las heridas.

Para lo más que te sirve todo esto es para ver lo confundida que está una parte muy importante de la sociedad, tanto de uno como de otro lado.

Se puede percibir muy claramente que no estamos preparados. No parece que queramos abandonar las antiguas ideologías y formas. Seguimos pensando como nos dicen que tenemos que pensar. LLevamos esos pañuelos de siempre, esas banderas de siempre, y coreamos los lemas de siempre. Queremos hacer revoluciones con palos y piedras…. O lo que es lo mismo, con odio, con venganza, con ira, y con violencia… A ver si con un poco de sangre limpiamos nuestras frustraciones… ¡Que pena no tener fusiles para hacer otra guerra civil y, esta vez, ganarla! ¡Así nos cargaríamos a todos esos cabrones!… ¿No?

Falta mucho recorrido para ver una auténtica revolución. Para la única que tiene sentido. La revolución del Amor. Porque es el Amor, lo único que puede salvarnos de este embrollo de valores rotos y revoluciones de dibujos animados del Che.

Estamos sin rumbo porque hemos dejado de creer en aquello que es bueno para todos.
Seguimos absurdas banderas sin importancia porque hemos dejado de ver lo que de verdad importa. Nuestros ideales son cortos porque nos negamos a alcanzar los más altos ideales.

Si nos comportamos como seres limitados, seremos seres limitados. Si nos olvidamos del Amor, no hay revolución que valga la pena comenzar. Si odiamos, solo convenceremos a la parte de la población que odia igual que nosotros. Solo el amor une. Solamente aquellos principios, banderas, actitudes, o revoluciones basadas en el Amor hacia la Vida, serán capaces de iniciar una verdadera revolución.

Por eso…

No me esperéis en la mani si no cambiáis las banderas… No me pidáis que aparezca si no limpiáis vuestro corazón y tráeis las caras descubiertas. Si no podemos traer a los niños a cantar con nosotros, mejor ni me molestéis.

Yo no quiero revoluciones de mentira… Ya nos hemos mentido demasiado… En lugar de eso, hagamos por una vez algo que valga la pena. Y si queremos hacer algo bueno…, empecemos por hacerlo. Si pensamos que somos mejores, tendremos que demostrarlo con actitudes y hechos.

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Publicado el 26 de abril de 2013 en filosofía, política y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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