La caida del imperio romano

Una de las innumerables formas que hemos tenido los seres humanos de autoengañarnos, ha sido, y aún lo es, la sesgada visión de nuestra propia historia.
Es natural, por tanto, que partiendo de la base de una falseada línea del paso de la humanidad a lo largo del tiempo, el conocimiento profundo de nuestra realidad actual se encuentre totalmente distorsionado, del mismo modo en que lo están las creencias con las que construimos nuestra vida.

Siempre se ha escrito y hablado acerca de las causas de la caida y decadencia del imperio romano.
Algúnos historiadores la han datado en el siglo V. Otros incluso antes. Los hay que basan el final del imperio al Cristianismo, a la economía, el abandono de las ciudades, o a las invasiones bárbaras. Pero a pesar de sus múltiples y variadas diferencias de las causas o los motivos, todos ellos coinciden en una cosa…, el imperio romano ya no existe.

Quizá es el hecho de que ya no vayamos vestidos con togas lo que ha terminado por convencer a tan ilustres historiadores. O puede que sea el nacimiento de otros reinos e imperios, desde Carlomagno a nuestra época, la poderosa razón por la que tenemos tanta seguridad en que la historia de dicho imperio llegó a su fín.

El que no nos percatemos aún de que nada termina mientras su influencia perdure parece que no tiene importancia. Sobre todo para los estudiosos de la historia. Grave error éste que nos induce a pensar que somos hombres muy distintos a los habitantes del antiguo imperio, cuando aún seguimos anclados en el pasado que le dió forma en el transcurso del tiempo.

Si analizamos la influencia de Roma en el mundo actual no solo veremos grandes similitudes sino que nos encontraremos fácilmente ante un calco de aquella en nuestra propia sociedad.
No solamente es en el derecho romano, en el que aún se basan las leyes principales que conforman la estructura legislativa que ahora tenemos, sino también en el mismo tejido político de dictaduras, democracias parlamentarias; o en los ejércitos, la religión, y el circo romano expresado en la misma cultura del ocio y el entretenimiento.

Seguimos ante la misma estructura de esclavos y amos. Pero, eso sí, con cambiarle el nombre a las cosas ya está solucionado…. Ya no estamos en el imperio romano… Esto es… el imperio Carolingio, que es otra cosa…Y ahora es…la edad media (nos olvidaremos de verle como el imperio cristiano de occidente con su base en Roma), O es el imperio católico español… que es algo muy distinto… O mejor lo llamamos el imperio inglés, o el americano… o como decimos ahora, la globalización…

El caso es cerrar los ojos al hecho de que Roma ha tenido diversas etapas y distintas capitales pero en el fondo siempre ha sido el mismo sistema imperial cuya base de funcionamiento es la misma: pervertir por interés egoísta los máximos principios en los cuales debe de basarse la vida de los seres humanos. Esclavizar a la humanidad por la fuerza de sus ejércitos. Ocupar el trono de la espiritualidad humana con falsas religiones. Dominar a los débiles con la usura y el ejercicio del poder. Corromper la voluntad de los rebeldes con el dinero, y mantenerlos entretenidos con sus “PANEM ET CIRCENSES” para que no puedan reflexionar. Y dividir y vencer a los que quieran unirse y crear algo más positivo y auténtico.

Es quizá por eso que el origen de la ciudad está en el asesinato de Remo por Rómulo. Dos hermanos gemelos que habiendo sido engendrados por el mismísimo dios de la Guerra, y luego abandonados en un cesto de mimbre, fueron después recogidos y amamantados por una loba. Y loba en latín es “lupa”, que a su vez es la misma palabra que se usaba para las prostitutas. Prostituir significa corromper, pervertir o degradar por interés egoísta. Así que ahora ya tenemos la simbología de ROMA al completo:

Roma es una ciudad creada por un Caín asesino llamado Rómulo, engendrado por el dios de la guerra y criado en medio de la perversión y el interés egoísta.

ROMA es lo contrario de AMOR.

Pero como toda creación de esta vida, Roma existe porque creemos en ella, porque aún creemos en sus fundamentos, en las religiones que sustentan sus falsas creencias espirituales, en las ideas económicas y políticas que nacieron de su perversión. Somos nosotros quienes alimentamos su existencia con el crédito que le otorgamos a su influencia, y por la ignorancia de lo que Roma realmente significa para todos nosotros.

Y es justamente en estos tiempos, cuando comenzamos a percibir a Rómulo como un espectro mucho más amenazador, cuando más débil se halla su terrible figura. Todo aquello que aún le sostiene en el trono se mueve en caida libre hacia su final agónico.

La crisis ética, económica, espiritual y política está llevando a la humanidad a cuestionar los falsos principios que forman su realidad. Una nueva era está comenzando cambiándonos por dentro de manera sutil pero implacable. Roma se esta muriendo porque es ahora cuando comienza a caer. Y seguirá haciéndolo en la medida en que nosotros cambiemos nuestras creencias, dirigiéndolas hacia el AMOR y todo lo que el Amor universal simboliza.
Si lo conseguimos, por fín podremos ver su final. Mientras tanto no os olvidéis de que seguimos siendo esclavos de Roma.

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Publicado el 11 de mayo de 2013 en Historia y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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